Síntesis musical
Angélica Gómez Rodríguez
Mi bemol
La orquesta comenzó con una melodía llamativa en la que la flauta traversa y el oboe parecían sobresalir con la misma frase musical. La pieza musicalizó un escenario suave en el que uno de los instrumentos de viento dejó relucir, de forma sutil y dulce, la tranquilidad sonora. Luego se dio paso a un intercambio de potencia y ligereza orquestal, que marcaba la entrada del instrumento solista. El piano se presentó con tal fuerza, que los demás instrumentos se quedaron en silencio. El instrumento que protagonizaba la escena hacía evidente su presencia junto a las escalas cromáticas, que dibujaban un movimiento en decrescendo. Quedaban expuestas caricias sutiles entre exploraciones que se desplegaban en el piano, apoyadas por su acompañante. La orquesta le daba la razón repitiendo su melodía. Algunas veces el protagonista del concierto dejaba matices junto a la fuerza que le imprimía al teclado, por medio de acordes graves. El piano parecía insistir con una melodía, que invitaba a los demás instrumentos a danzar con ella. Había tonos de picardía, que el intérprete se propuso mostrar entre grupetos y arpegios. El primer movimiento terminaba con tersura y le daba bienvenida al primer silencio.
Tal parecía que al piano le gustaba ser introducido por la orquesta en este concierto, pues el segundo movimiento inició con una ausencia de sonido, para recordar al público su importancia en la obra. El pianista tocaba con tal delicadeza, que parecía ser una declaración de amor. El idilio surgía del pianissimo matiz, que se hacía cada vez más forte y appassionato, sin perder la calma a la que estaba sujeto. Todo el movimiento parecía estar bajo las fuerzas del Romance, hasta que las notas se perdían en el silencio, llevándolo al fin de este fragmento.
El tercer movimiento estaba marcado fuertemente por una figura musical, interpretada por los contrabajos, con la cual la orquesta entraba en diálogo. En esta ocasión la obra parecía ser una expresión de alegría inocente, que se evidenciaba en los predominantes estacatos. La melodía jugaba en contrapunto con su armonía. La tonalidad menor traía consigo ritmos orientales, que dibujaban un movimiento circular. Una vez más el piano quería sonar bajo la ausencia sonora de los demás instrumentos, para luego volver a su encuentro, no con la sutileza con la que había sonado antes, sino con una complejidad cromática. Los contratiempos que eran transición del nuevo fraseo pianístico, le otorgaban un tinte percusionista a la pieza. El final de tal complejidad se enmarcaba en un crescendo molto allegro, que era inicio de un ligero cambio. Los instrumentos de cuerda ahora interpretaban la misma e insistente combinación de semicorcheas, mientras el piano se atrevía a ser percusivo. Este marcaba una danza, para irse de nuevo al recorrido sonoro de ida y vuelta, con el cual concluía su papel en el concierto. El cierre total le había sido encomendado a la orquesta, quien se dispuso a interpretar dos compases majestuosos, cuya última nota sugería su último sonido de aliento.
Re sostenido
Cuando comienzo a leer la partitura, en el caso en el que la obra no sea conocida, mi punto guía es el ritmo y con este el tempo que se lleva a través de la obra. Las cosas van bien hasta que encuentro ciertas confusiones de ritmo en los compases, y no puedo realizar las figuras musicales correctamente. Me empiezo a topar con bemoles, sostenidos, silencios y puntillos. La lectura se hace densa. La clave de Sol parece cambiar de papel con la de Fa, trayendo como consecuencias lecturas incorrectas: acordes no acordes, notas falsas, y arpegios disonantes. Tocando simultáneamente con las manos, la obra parece inconexa, como si fuera una obra diferente para cada mano. Se vuelven a leer las notas una y otra vez, hasta encontrar un diálogo: esto es, la relación entre la armonía y la melodía. Las notas empiezan a sonar más claras y nítidas. Se encuentra el sentido gramatical. La clave de Fa ya no se confunde con la de Sol, sino que se complementan. Pero todo ello sólo es posible mediante la repetición, hasta dejar de lado los errores de interpretación.
La memorización de los movimientos correctos es condición de posibilidad de la comprensión de relaciones entre las frases musicales que componen la pieza. Una vez se comprenda la relación contrapuntística y el paso de transición de una nota a otra se naturalice, se deja la conciencia de qué es cada nota. Con lo anterior se abre paso a la interpretación de los matices, que es lo que finalmente le da vida a la obra.
Así como surge algo nuevo cuando se lee un texto varias veces, de esta manera ocurre cuando se toca la misma obra. La interpretación no es la misma. La interpretación es un nuevo acontecer. Aquí ya podremos hablar de inicios y desenlaces musicales, que permitirían dar cuenta de una estructura coherente. Una arquitectura de la obra misma.
Mi
En las dos situaciones, como espectador y como intérprete, la relación que se establece con la pieza musical es distinta. Y siendo la melodía como la parte que nos permite crear una relación entre las notas que la componen, que se puede seguir, en algunas ocasiones, a través del canto, el tarareo, es de gran importancia para comprender la síntesis musical. Cuando se está oyendo una pieza musical, cualquiera que sea, aún si es serialista, la escuchas como un todo que está compuesto por una multiplicidad de frases musicales. Es posible que no sean discernibles fácilmente, en especial en la música sinfónica, pero existe en ellas una sintaxis reconocible.
Si nos dieran a completar la siguiente frase: quiero comer ______, las opciones que pensaríamos se darían en un marco de posibilidades coherentes con el verbo, que en este caso sería alimentos, y más allá, ‘alimentos no líquidos’. Con lo anterior quiero evidenciar que, en lenguaje hablado podemos vincular palabras, con las cuales, las frases tendrían un sentido (convencional) con el que se da un mensaje. En la música ocurre algo similar, sólo que de una forma más abstracta e inconsciente. Si nos pusieran a escuchar una canción, y esta tuviera ciertas disonancias a las que no estamos acostumbrados a oír, tal vez afirmaríamos que existe una nota que no conjuga bien en ligación con las otras. Independientemente de si esa melodía ha sido escuchada antes o no, para quienes están acostumbrados a la música tonal occidental, es fácil determinar en qué parte de la pieza se produce un “error”; como el reconocimiento de los errores categoriales en el lenguaje hablado. Esto se da gracias a la costumbre y la memoria que tenemos de un sinfín de canciones y obras musicales que hemos escuchado desde pequeños, con las que establecemos no solo un gusto, sino una relación tonal, generalmente occidental, que convencionalmente suena bien: el Do con su tercera en Mi; el Si menor con su quinta en Fa sostenido.
Ahora bien, para la segunda situación, de aquel quien interpreta la obra musical, él parte de una unidad: la partitura, la canción misma, para fragmentarla y aprenderla. Una vez ha memorizado los diferentes puentes y cambios que componen la pieza musical, puede formar una síntesis mediante su ejecución, para lo cual se hace necesaria una predicción (la pieza en potencia), para ser tocada (la pieza en acto). Tal seguimiento de una melodía con su respectivo acompañamiento, demanda que se acuda a la memoria, para poder establecer las relaciones de las frases musicales que la componen --Así como se acude al recuerdo en una coreografía de baile que ha sido repetida infinitas veces, para ser recordada sin esfuerzo alguno en la presentación final--. Existe, de esta forma, un anticipo de lo que se va a cantar, dado que se tiene pleno conocimiento de la canción como un conjunto de notas que están en relación temporal y sonora: un arpegio de Sol mayor, el sonido de transición de Sol a Si, de Si a Re. Una síntesis musical que permite ver lo múltiple como Uno. Luego, la memoria es una parte esencial para la creación y re-creación de melodías, pues de ella dependen no sólo las relaciones tonales, sino la proyección que tenemos sobre las mismas. (Hace falta ver la relación entre el proceso de composición y la memoria. Un tema al que no se hace referencia por algunas distinciones, que valen la pena ser observadas con mayor detalle).
(Bis)
El asunto interesante de la memoria en este aspecto, es decir, que podamos reconocer que partimos de un punto A, para ir a un punto B, y retornar al punto A con un ligero cambio, se da gracias a un aspecto al que acuden gran parte de los compositores: la repetición. Dado que hay una infinitud de datos que se deben recordar, los aspectos rutinarios y con ellos la costumbre, se debe realizar una acumulación y compresión de estos, que son, por decirlo de alguna forma, homogéneos: levantarnos de la cama, caminar para tomar el bus, etc. El recuerdo que tenemos de estos eventos rutinarios se presentan en nuestra mente como uno solo. En otros términos, no podemos mencionar cada uno de ellos, a menos que haya pasado algo extraordinario (fuera del orden de la costumbre), que posibilite formar un recuerdo a parte del ordinario: el día en el que me caí cuando iba de camino a la estación del bus: lo inesperado, lo impredecible. En el caso de la melodía, que permite representar la unidad de la canción, la repetición marca una forma musical que ya pasó, y la expectativa de una frase, mientras se va escuchando en el presente. La repetición hace parte de la unidad (acumulación), cuyos cambios (lo extraordinario) hacen discernible los límites de la oración musical. La repetición hace posible la articulación de la multiplicidad de elementos: saber de qué lugar partí, dónde estoy, y hacia dónde me dirijo (tómese la alusión de lugar como analogía). Es el puente con los componentes diferentes, con los fragmentos singulares de la composición--esto puede ser la razón por la cual no es muy apreciada la música serialista, pues es difícil determinar vínculos tonales, y por lo tanto, difícil recordar y reconstruir unidades: una ruptura de la línea melódica--. He ahí la importancia de la melodía, pues, como hemos podido ver, ésta es una relación de tonalidades que sobresale sobre el conjunto de elementos sonoros que compone una pieza, y que posibilita la consciencia de la unidad y temporalidad en la música. La melodía es el 'lugar' de la síntesis musical.