INMARCESIBLE
Paula D' Pablos
Una tarde estás en la Plaza de Bolívar, entre el silencio se escuchan unas voces, mujeres con telas de colores, su piel morena, sus rostros con símbolos pintados en pigmentos rojos: rojos espirales, rojo de lucha, de pasión por la vida.
Mochilas tejidas y alpargatas, trabajo duro cada mañana, hombres de sombrero y falda, rostros que marcan carácter y fuerza, la lucha por conservar las tradiciones, la cultura, sonidos que llaman tierra y vida. Hay danza Yonna, rituales, tejidos que simbolizan tantas cosas, las mujeres mueven sus manos de manera ágil, creando una danza con la aguja, en cada movimiento avanza el tejido que narra. El tejido se convirtió en su forma de sobrevivir en esta jungla de concreto.
Algunos sonidos de lengua nativa en Bogotá, unos acentos extraños que pasan de generación en generación, toda una historia en palabras nuevas, que llevan mucho tiempo en el viento, que solo buscan hacerse escuchar, que no solo quieren quedar en un recuerdo, quieren vivir en este espacio y en este tiempo.
El tiempo pasa y nada cambia, las mismas historias, diferentes personajes, aumentan las mentiras, como las promesas de políticos: engaños fugaces.
Aumenta la pobreza, el río se seca, las vacas mueren, los chivos se quedan en los huesos. Indiferencia, olvido, progreso maloliente de asfalto y brea.
Lucha por las tierras, destrucción por avaricia, guerra, el olvido se los lleva como el viento a sus vidas, soledad, poco a poco todos se van, en cada paso que dan un recuerdo de su pueblo va, solo buscan libertad, vivir en tranquilidad y con dignidad.